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Pereira, Colombia - Edición: 13.957-1537 Fecha: Miércoles 07-10-2026 |
COLUMNISTA |
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LA SEÑAL DE CAÍN
Por: Jotamario Arbeláez
No sería en el infierno donde
Violencia engendra violencia, el que a hierro mata a hierro muere, ojo por ojo y diente por diente, no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti. Estos cuatro apotegmas, leí por ahí, debieran haber tenido en mente los señores Castaño Gil, antes de atentar los unos contra los otros.
Los ‘paras’ han sido el fenómeno criminal más espeluznante de los últimos tiempos. Creados y financiados por las víctimas potenciales de las guerrillas para defenderse del secuestro y del boleteo, se impusieron por el terror, por el uso discriminado de la ‘lista en mano’ contra inermes labriegos y pueblerinos en sospecha de apoyar a los insurgentes, y la aplicación de las motosierras para trozarlos por la mitad.
Tres hermanos Castaño detentan el deshonor de haber sido sus principales mentores. Prevalidos del dolor y la rabia de haber visto a su padre sucumbir bajo la guerrilla, asumieron como vindicadores, en concubinato con las fuerzas armadas.
Alguien debía ejecutar el trabajo sucio contra los derechos humanos, que no tiene perdón internacional. Esta alianza siniestra ha tenido ya suficientes condenas, como
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para que se me vaya a tildar de mendaz o de temerario.
García Márquez, el del olfato periodístico, azuzaba a sus colegas soplándoles que no había tema más espectacular para una crónica que el de los panes envenenados de Zipaquirá, por ejemplo. Yo he encontrado otro tema, ya no para periodistas sino para novelistas y dramaturgos intrépidos, que deja atrás la tragedia griega y la shakespeariana. Apareció como noticia en El Tiempo, el jueves 20 de Abril-07, bajo el título: “Los Castaño, ¿una familia fratricida?”, y me sorprendió que ningún columnista hizo referencia a ella, ni hubo ningún comentario en ningún coctel, ni en las cartas al director. Entre mis papeles guardé el recorte. Esta es la síntesis.
Tres de los 12 hermanos Castaño Gil, Eufrasio, Reinaldo y Ramiro, fueron ejecutados (¿por quién?) en ajuste de cuentas relacionado con la venta de armas. Era el principio de la saga. Fidel -de cuya presunta ejecución por las Farc hizo Carlos Castaño bandera con calavera-, habría sido muerto por orden suya. Y a Carlos Castaño lo habría ordenado sicariar su hermano Vicente, a través del confeso “Monoleche”. Todo esto hace parte de las escalofriantes declaraciones de Ernesto Baez. Ahora la revista Cambio da la noticia de la ejecución despiadada del Profe Vicente, por disposición de sus hermanitos de Itagüí. Caínes sobre caínes. Aunque el Señor había puesto a Caín una marca, para que quien lo viera no lo matara.
Pero vamos despacio; es aquí donde intervienen pasiones esquilianas como morbo determinante. Carlos, pese a lo sanguinario, parece que era un zanahorio
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respecto de la vinculación con el narcotráfico. Cuando supo de la determinación de Fidel de asociarse con las FARC en asuntos de droga, ordenó su liquidación. Otro factor intervino: Carlos le habría rapado una novia a Fidel. Cuando éste, furioso, pudo recuperarla, nadie volvió a saber de ella. Entonces Carlos ordenó a su hombre de confianza, Salvador, darle chumbimba a Fidel. Pero habría otro motivo: la muerte de la hermana menor, Romualda. Ella les hababa duro a sus tres hermanos, echándoles en cara sus actividades criminales. Y Fidel la increpaba por sus tendencias lesbianas, al extremo de prohibirle el acercamiento a su esposa.
Un mal día las encontró juntas, y tras golpearlas atrozmente, se encerró con su hermana para violarla. Ésta logró escapar y, a la altura de la piscina, cuando fue detenida por los escoltas de Fidel, les arrebató un arma y se pegó un tiro. El hermanito Carlos habría vengado esta iniquidad. El otro hermano, Vicente -a quien Ernesto Baez atribuye el asesinato de Carlos-, habría muerto baleado, incinerado y tirado al Cauca. Aunque no faltan las malas lenguas que afirman que no es en el infierno, sino en los Estados Unidos, donde se volverán a encontrar los hermanitos Fidel, Carlos y Vicente. Cada uno con la señal protectora de Caín en la frente.
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